martes, 13 de noviembre de 2012

Amor




         En el quinto piso vive un matrimonio siempre en trifulca. Ella antes era guapa y amable, ahora ha perdido mucho peso. Oigo cómo discuten a través de las finas paredes. Los tabiques son como folios y el sonido reverbera de modo casi ofensivo. A veces siento pudor y ganas de irme de mi propia casa por el simple hecho de oír sus reproches, tan íntimos, tan suyos. Al final un portazo pone punto final a su discusión y mi vergüenza. Entonces, para tomar aire, me acerco a la ventana y miro la calle. Hace diez años que me vine a vivir aquí. Me pareció un buen barrio, tranquilo si se quiere, vital si se busca. No me costó mucho acostumbrarme a echarte de menos, incluso hoy, en las raras ocasiones en las que barajo la posibilidad de mudarme acabo por descartarlas rápidamente. No creo que cambie nunca, y eso que en las habitaciones no entra demasiada luz. Dan a un patio interior, tan estrecho y tan grisáceo que parece una fosa puesta de pie. La luz del sol sólo prende en la parte superior, como un fósforo que arde, mientras abajo sólo queda la madera, cada vez más quemada, cada vez más negra. Contradictorio. Quizá por eso hay veces que me siento en vivas llamas y otras me consumo a fuego lento, fatuo. Entonces de nuevo vuelvo a la ventana, y otra vez miro la calle y la vida de los otros por el cristal. En esos días el asfalto me parece más gris y el cielo más fino, a punto de pincharse con la aguja del edificio Chrysler y caer en un sueño de cien años. Pero me equivoco. El cielo siempre se arquea. Y nosotros nos quedamos con cara de tontos dibujando lazos que pretenden atrapar el infinito. Complicando los recuerdos. Escuchando portazos en vez de risas. Y mirando siempre hacia atrás cuando nos vamos a marchar de algún sitio en el que hemos estado de vacaciones. Y al montarnos en el coche nos revolvemos incómodos como un gato que no encuentra la postura en el sillón y da tres vueltas antes de enrollarse. Porque nadie nos enseña a despedirnos. Porque yo sólo quiero volver a encontrarte. Amor. Y, otra vez, hoy, volveré a buscarte en todos los rostros.

Je veux de l'amour, de la joie, de la bonne humeur

(La canción es Je veux, de Zaz)


2 comentarios:

  1. que bonito el relato de hoy...Sol, me encanta el final.

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  2. Me gustó mucho el relato.Gracias.
    Un besito

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