martes, 6 de noviembre de 2012

Inefable



      En silencio quedó cuando pisó por primera vez el vetusto caserón familiar, aquél que no conocía más que por recuerdos robados a otros. Los soberbios balcones alanceaban el aire; parecían inamovibles, aunque el resto de la casa se viniera abajo. Visto así, el húmedo umbral de madera de roble parecía un elemento absurdo y prescindible. Los escalones, en cambio, se veían taciturnos, llorosos, cansados de gastar el tiempo y estrangulados por el musgo. Al mirarlos sintió el aguijón de una infancia superflua, agotada de cariños ásperos y deseos vergonzantes, de desacompasadas pasiones. Todo quedaba ahora muy lejano. Allí ya no quedaban memorias, sólo sordos lamentos que nada tenían que contarle. Quiso llorar, y sin embargo rió.


No siempre puedes cambiar lo que te rodea, pero sí que puedes decidir siempre cómo quieres tomártelo.
Sonríe y feliz martes

1 comentario:

  1. Muchas gracias por compartir el relato con nosotros.
    Besitos

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