lunes, 22 de abril de 2013

Una historia, un gracias y un hasta luego

Gracias.
¿Por qué empiezas con un gracias? 
Porque así es como debe ser. Porque lo primero que se ha de hacer es agradecer a todo aquel que ha leído mis historias alguna vez que me regalara su atención, su tiempo, un momento de su vida; porque esos son regalos demasiado valiosos como para no saber apreciarlos.
Suena a despedida, pero no lo es. Sólo una pausa, unos meses en los que me resultará imposible seguir con las historias y con Candela, un personaje que nació casi sin darme cuenta y que me ha hecho muy feliz.
Incluso alguna vez he dejado de aclarar a algún que otro que ni mis personajes soy yo ni sus azares son mi vida... y es una pena, porque mi existencia es bastante menos divertida e interesante que la de ellos.

Y, sin palabras, hoy, una historia, un gracias y un hasta luego.


Bolígrafa



          Hace algunos años tuve una amiga que era polígrafa. Yo, que soy mucho más modesta, me quedé en bolígrafa, porque me gusta escribir a boli. Desde aquel entonces no he vuelto a ver ni a tener contacto con dicha amiga (no estoy segura de que pueda seguir utilizando tal calificativo al referirme a ella). Pero, sin embargo y sin motivo claro alguno, a menudo me acuerdo de ella. Era más castaña que rubia, pero al preguntarle por el tono de su cabello, ella respondía que miel.
       No es que la gente por la calle le abordara constantemente con tal cuestión, aunque nunca faltan lunáticos por las aceras, sino que era más bien en las tardes de terraza con cerveza cuando algún que otro despistado se encontraba con su leonina melena en pleno rostro. Y de tanto meter por los ojos, y por la boca, su brillante cabellera, el interfecto no tenía por menos que hacer algún comentario respecto del asunto. Era en este momento en el que mi amiga se venía arriba, se crecía y concentraba todo su explosivo poder en unos folículos pilosos, muy sedosos, es justo decirlo, de tono miel, según ella; más bien castaño de toda la vida, según yo.
        La cuestión es que cuando dejé de quedar con mi amiga la polígrafa hirsuta, a eso de mitad de los noventa, en plena androginia y perfume unisex, decidí hacerme escritora que trabajara de cajera en una tienda zara del centro de la ciudad. Al poco pude comprobar dos cosas: una, lo mucho que costaba contar con interés algo que no tuviera importancia ninguna y, por otro lado, la cantidad de famosos y famosas que entraban a comprar en la tienda. Hecho que nunca me dejaba de sorprender, menos por el famoso en sí, y más por el postín y humos que se daban mientras compraban un vestido de rebajas acabadas en 99 o 95 céntimos (daría mi reino por una etiqueta acabada en 97 o 73, qué alborozo de originalidad contra natura de psicología comercial).
         Volviendo a las mismas ramas, he de decir que de la primera situación saqué la conclusión de que no sería capaz de escribir con arte ni la lista de la compra. De la segunda, que muchos famosos iban más de pose que de visa y que ya estaba decidido… me volvería boligrafrán, que no es ser fan de los bolis, sino fan con bolígrafo siempre afilado y presto para conseguir un autógrafo de su ídolo en cualquier momento, lugar y situación. Y si de esa firma consagrada se pasa a una conversación agradable, luego a una cena romántica y más tarde a un programa del corazón donde la caja registradora timbrea sin parar… Ergo: se acabó el currar de diez a diez, más los domingos y festivos. ¡Eso sí que es ser fashion victim!
         Es más, sigo analizando mi plan. Con que consiga el autógrafo y me fije bien en alguno de los lunares que pueda tener en el cuerpo (siempre se puede echar un vistazo rápido en los probadores; “A ver qué tal le queda”, “huy, mil perdones, pensé que ya estaría vestido”) podría saltarme la cena y pasar directamente a poner el cazo de las pesetas. Y es en momentos como éste, en los que me acuerdo muy mucho de mi vecina Maru, que con un título de peluquera le igualó las puntas a un futbolista y ahora desfleca las lenguas a las cuatro de la tarde, nieve o haga sol, por el canal 36. Maru sí que sabía… lo que hay que saber.




 




lunes, 15 de abril de 2013

Los lunes de Candela. ¿Chini, midi, widi?



Cuando entro en un restaurante de comida rápida donde sirven hamburguesas, patatas fritas y un bol lleno de lechuga hasta los topes con dos tristes croûtons de pan al que ellos llaman ensalada césar, no puedo dejar de acordarme del sketch humorísitco en el que se pedía un menú de un modo un tanto peculiar.
-Usted qué tamaño quiere: ¿chini, mini, midi, widi?
-Y la bebida: ¿maxi, midi, mini, chini midi widi?
Y es que creo que entiendo menos esos carteles que el sánscrito que, estoy convencida, habla la señora Teresa, mi querida, anciana y algo demente vecina del quinto, cuya única palabra que se le entiende claramente es “puta”.
Que la vida quizá no sea más cuestión que la de entrenar el ojo, como quien entrena el culo haciendo sentadillas, y tenerlo más avizor (el ojo, no el pompis) que Amancio Ortega para la moda es sólo cuestión de práctica. Y quien dice el ojo dice el oído. Que no es cuestión de cotilleo, sino de estudio antropológico social, aunque sea una investigación más de chichinabo que los juegos de química para niños.
Pues lo dicho, que entrenando los sentidos esta semana la calle no ha dejado de sorprenderme con retazos de frases inauditas como:
-“Gays no, que ya tengo muchos…”
Comorrrr, pensé yo.
Así dialogaba por teléfono una señora más mediana que un habitante de la Comarca del Señor de los anillos (mediana estatura, mediana edad, etc.).
Al oír aquello, casi sin darme cuenta, me frené en seco, cual poni trotón, con la consiguiente protesta del señor que caminaba detrás de mí, pues estuvo a punto de toparse con mi espalda y arrearme un tozolón con el periódico que llevaba enrollado bajo el brazo. Y cuando finalmente me pasó de largo y le hice un amago de disculpa con la mano estuve a punto de decirle “disculpe usted buen hombre absorto en sus vacuos pensamientos, pero es que esta señora tiene una colección de personas en casa”. Que ya me imagino yo la repisa del mueble bar de su salón cuando vengan sus amigas de visita: “Mira, Maruchi, aquí tengo mi colección de tendencias sexuales de porcelana: siete gays, dos heterosexuales, un bisexual; mis favoritos son el gay tirolés y el gay estilo Luis XV. Ya sólo me falta la última pieza de la casona rústica en la que vienen…”.
En fin, que el mundo es hermoso e inaudito no hace falta hacer meditación trascendental para saberlo, que las frases sacadas de contexto tienen más peligro que mi esteticista con las pinzas tampoco es nada nuevo y que a mí me pudo el pudor y el miedo a que fuera una psicópata en potencia es todo un hecho, pues si no le hubiera preguntado: “Señora, por favor, explíqueme ipso facto a qué se refiere, porque me acabo de quedar chini mini midi widi”.

Pd. de S.:  Feliz lunes y mejor semana.

lunes, 8 de abril de 2013

Los lunes de Candela. Y yo que me creía tan sana




“Tiene usted colesterol”. Y el médico ni quitó la vista de la pantalla del ordenador donde estaba leyendo el informe de mi último análisis de sangre.
“Pero si yo…”, fue lo único que atiné a decir, aunque en realidad quería continuar la frase con “…llevo vida sana”.
El galeno pareció adivinar mi pensamiento lingüístico y acto seguido, me miró y me preguntó “¿qué tipo de alimentación lleva?”.
“Pues… yo tomo verdura, y pescado y…”. Y en ese momento tenía que callarme pues empezaba a recordar que entre verdura y verdura también ingería los dos sobaos pasiegos de por la mañana, más la rosquilla de azúcar del mediodía, la palmerita del café de las cuatro y, si no se hacía tarde para la siesta, de vez en cuando unas patatitas fritas de bolsa a media tarde; vamos que a mi cuerpo y sus lechugas no le daban tiempo a depurar tantos azúcares refinados industriales. Estaba claro, si no cuidaba mi alimentación, iba camino de tener un chalé de dos metros cuadrados sin vistas a la calle. Pensamiento éste que ya de por sí me iba dejando la cara como una acelga, tan concienciada estaba ya con mi nuevo tipo de dieta. Y es más, me debí quedar como un conejo cuando le dan las largas en el momento en que el médico me dijo que me iba a mandar al hospital para que me “terminaran” (al oírlo me acongojé toa') “de hacer unas pruebas” (uf, qué alivio; creía que me iban a dar el finiquito eugenésico o algo por el estilo; es que el fin de semana había visto la película ¿Vencedores o vencidos? sobre los juicios de Nuremberg y tenía la sensibilidad a flor de piel).
En fin, dicho y hecho, a los pocos días salía de la consulta del especialista en el hospital con mis papelitos bajo el brazo y mi riesgo de infarto por las nubes, cuando ilusa de mí intenté salir a la calle. Y digo intenté porque me río yo de Teseo y el laberinto del Minotauro, si ambos hubieran conocido los pasillos de un hospital público habrían tenido por lo menos dos o tres ataques de ansiedad.
La cosa es bien simple, como todos son iguales por aquello de que la uniformidad da tranquilidad y equilibrio y todo el personal va vestido igual…, tanto que eres incapaz de distinguir a cirujanos jefe de personal de limpieza (y, ojo, no porque una profesión sea más digna que la otra), que ya podrían dividirse por secciones y colores (por ejemplo: cardiólogos de rojo, ginecólogos de fucsia, traumatólogos de blanco por los huesitos y el resto pues que se repartan entre el verde y el azul que son colores muy socorridos). Pero no, allí todo era igualito, y que conste que yo seguía los carteles indicativos, que haberlos haylos como las meigas, no vamos a negarlo, pero poco podían hacer frente a mi supino despiste y mi nulo sentido de la orientación.
Aquello era un cachondeo. Así que la quinta vez que pasé por el mismo ascensor “reservado a personal sanitario y camillas”, me di cuenta de que Alonso y Jenson Button me sacaban ya dos vueltas de ventaja en el circuito y no me quedaba más remedio que parar en boxes, o lo que es lo mismo: o preguntaba a alguien (y seguro que quedaba como una ridi de ridícula porque tendría la salida casi enfrente de mis narices colesteróticas o me sentaba al lado de la máquina expendedora y me tomaba un piscolabis para reponer fuerzas y seguir con la carrera, eso sí, cambiando antes las ruedas por las de “la leche bendita cómo resbalan los suelos de los hospitales, qué manía tienen de encerarlos tanto”).
Llegados a este punto, me paré y respiré hondo. Estaba claro: sólo me quedaba probar la ley del laberinto, mano pegada a la pared derecha, girar siempre en el mismo sentido, y que Dios reparta suerte, porque como reparta justicia más de uno se va a quedar jodipiiiiiiiiiiii...

Jenson Button

Pd. de S.: Que nos perdone Alonso, y ¡puxa Asturies!, pero poner la foto de Button era de rigor. 
Feliz lunes y mejor semana.

lunes, 1 de abril de 2013

Los lunes de Candela. 'Ojiplática'



Cosas que me dejan ‘ojiplática’:

  • ver cinco consejos de vida sana en una bolsa de pajitas de ketchup, (hechas posiblemente con el mismo plástico con el que está fabricado el envase) 
  •  un gimnasio para perros 
  •  un caniche con un plumas blanco con capucha (para más inri la capucha tenía pelito)
  •  ver a otro perrillo chico al que le habían tintado una mecha rosa y otra verde. ¿Le habría preguntado alguien al animal si quería ser perroflauta, a lo mejor le iba más el estilo gótico casual? (¿pensaría el dueño alguna vez en la libertad volitiva de su can?; o lo que es lo mismo ¿por qué no se pinta usted las gónadas en vez de echarle químicos al perro?)
  •  el intelecto de los participantes de Gandía Shore (la versión británica, Geordie Shore, no tiene precio)
  •  las velas perfumadas que cuando las enciendes no huelen a nada
  •  el increible peso de las botas Hunter (¿cómo podía llevarlas Kate Moss, con sus patitas de alambre, llenas de barro en aquel festival?)
  • las señoras mayores que bajan con abrigos de pieles al mercado
  •  las mismas señoras que se cuelan taimadas y como el que no quiere la cosa. ("Yo estaba aquí, ¡eh!, sólo se me había olvidado la carne, la leche, los huevos… Claro, señora, si yo estaba en la fila el pasado martes, solo que se me había olvidado hacer la compra entera (¡qué paciencia!)
  •  los señores que liberan sus flatulencias en la calle pensando que nadie les oye, (y siempre es de agradecer que lo hagan al aire libre, que hay quien las libera en sitios cerrados, y ahí sí que hay duelo).
  • el precio del metropolitano
  • la credibilidad apabullante de algunas series: Nueva York nevado y la protagonista calzando unos zapatos de tacón y sin medias (‘amos anda’)

 ¿Y a ti, qué te deja con los ojos como platos?

Pd. de S.: Feliz lunes y mejor semana.

lunes, 25 de marzo de 2013

Cerrado por vacaciones

Cerrado por vacaciones. Disculpen las molestias.

Pd. de S.: Mil disculpas por no avisar con tiempo y decir que este lunes se cerraría por vacaciones, la verdad, es que ni yo misma lo tenía planeado, simplemente ha surgido a última hora. Lamento que os paséis "en balde", pero intentaré recompensar el próximo día.
Feliz lunes

lunes, 18 de marzo de 2013

Los lunes de Candela. Gatitos



Una cosa es cierta. Hay datos absolutamente prescindibles que descubres por error, los aprendes sin querer y luego eres incapaz de olvidarlos aunque lo intentes con todas tus fuerzas. Son lo que yo llamo “datos mojón”.
Por ejemplo ¿por qué sé yo que un gran felino, de cuyo nombre no quiero acordarme, una vez que ha cazado se dirige inmediatamente a devorar los grandes músculos de su presa, pasando olímpicamente de las masas más pequeñas, chiquinines no, gracias, y una vez devorada la cantidad necesaria de proteínas que necesita su metabolismo salvaje no vuelve a comer hasta dentro de unos siete días? ¿Cómo es capaz el felino de distinguir semejantes grupos anatómicos sin haber pasado por la facultad de Medicina ni haber visto ni un solo capítulo de Anatomía de Grey? ¿Por qué el bicho es capaz de ingerir de semana en semana cuando yo no puedo parar de picotear cada dos horas si ambos tenemos aproximadamente la misma cantidad de pelos en las piernas en invierno?
Y lo más importante, ¿por qué tengo que saber yo esto?
Por madrugar.
Esto es. Cuando me desperté este domingo a las siete treinta de la mañana, lo primero que hice fue acordarme de mis biorritmos y toda su parentela. Incapaz de volver a dar una cabezadita de descanso dominical, tuve que darme por vencida y levantarme. Acto seguido pensé que si tenía que estar despierta iba a premiarme con un desayuno pantagruélico, de esos de zumo y tostadas. Dicho y hecho. Al poco allí estaba encima de la mesa mi “continental mediterráneo con reminiscencias de americano”. Sólo quedaba un acto para la perfección: amenizar mi festín con la tele. Craso error. ¿Quién es el inquietante ser que elabora la escaleta de programación de primera hora de la mañana del domingo? ¿Va por ensayo y error o lo harán aposta, como diciendo “que se fastidien, que si tenemos que trabajar en domingo se van a enterar, que esto se lo comen con patatas”.
La cuestión es que, según me disponía a saborear mi tostada con mermelada casera, allí estaba el documental del gatito zampándose a Bambi. Lo sé, os preguntaréis que por qué no cambié de canal. La respuesta es bien sencilla: para coger el mando a distancia había que levantarse… ¡Qué pereza!...¡Que es domínica, hombre!...
Así que la opción estaba clara: no siempre puedes cambiar lo que te rodea, pero sí puedes transformar el modo en que te afecta, por lo que decidí aprovechar la emisión para dos cosas: aprender “datos mojones” sobre los felinos y entrenar el autocontrol sobre el vómito… que encontrar el lado bueno de las cosas es sólo cuestión de ponerse.




Pd. de S.: Feliz lunes festivo y felicidades a los José, Pepe, y a todos los padres, papá, papi, papa, papitito, pa, papuchi, etc.
 

jueves, 14 de marzo de 2013

Dicendos

Hoy jueves escribo estas frasen en cascada, que bien podrían llamarse dicendos (aunque lo diga uno solo), vocablo que no existe, pero que a mí bien me vale.


La vida era un silencio tras otro; hasta que en el medio llegaste tú.

Me gustas, invierno, que dejas al mundo azul y recién bañado.

Después de probar tus versos, ningún beso suena mejor.

Si en los errores está eros será que el amor es sólo cuestión de equivocarse.








lunes, 11 de marzo de 2013

Los lunes de Candela. La faja, ¿amigo o enemigo?



Bien conocida es mi afición/debilidad por los bazares orientales. Un mundo de curiosidad infinita que despierta en mí siempre más de una sorpresa. Cada vez que paso por uno de ellos, como tenga un ratito libre, me adentro rauda y dejo que mi imaginación haga el resto. Y así me ocurrió a mí y a mi pequeño tiempo libre del sábado por la mañana, que nos topamos con una nueva tienda en el barrio. Ojiplática y un poco ansiosa, mis carnes morenas y yo nos introdujimos por el sendero amarillo, pasillo a pasillo, hasta toparnos con  una prenda que desató todas mis dudas filosóficas matutinas.
La Faja: ¿Amigo o enemigo?
Callada y silenciosa ante tan amarga pregunta, me dejé llevar por los sentidos antes que por la razón, empiristas frente a racionalistas, y como Santo Tomás de Aquino me dediqué a coger, palpar y observar cuidadosamente cada una de las bellas e indescriptibles fajas que se desplegaban ante mí cual crisálidas recién transmutadas. Por supuesto, todo ello frente a la atenta mirada del chino vigila ladrones. (De todos es sabido que en toda tienda oriental que se precie tiene que haber un miembro de la plantilla de personal que se dedique a seguirte pasillo tras pasillo para asegurarse de nadie haga dorremifapamibolsillova). (Incluso a veces me dan ganas de despistarle y esconderme tras él para aparecer de improvisto tras una de las estanterías diciendo: "¡Aquí estoy!" o "¡tú la llevas!").
En fin... que divago.
Azules, beiges, negras, blancas, fucsias, de leopardo (ay, que me muero, madre), (aunque bien pensado mejor leopardo que no hipopótamo, por aquello de no herir la sensibilidad), con elásticos, sin elásticos, con relleno trasero en el pompis (sí, sí, como lo oyes), (¿Para hacer efecto push up en el culete? No, señor, para que te puedas sentar tranquilamente en los poyetes de piedra de la plaza de tu pueblo), con refuerzo abdominal (Dios quiera que no tengas que comer ni respirar con ella puesta y mucho menos que te entren ganas de ir al cuarto de baño, porque con ciertas prendas como fajas, medias y pantalones de cuero no se aplica la ley de que si baja vuelve a subir), de lycra, de algodón, de pata a medio muslo, de corte braga, la ya mencionada en otro momento faja tanga y, sin duda, mi favorita: la faja con bolsillo barriguero. Es que es verla y surgirme unos recuerdos entrañables de una tía abuela que se sacaba siempre la paga del domingo de aquella faltriquera más inexpugnable que un submarino ruso para que me fuera a comprar cuches y rompedientes varios.
Así que mi querida e incomprendida amiga faja, no sientas que careces de gracia y encanto. Sé que eres poco apreciada por las masas y que casi nunca ves reconocidos tus méritos ni tus ímprobos esfuerzos por mantener a raya las perdidas líneas de los cuerpos. Pero si Jennifer López (JLo en su casa) y Kim Kardashian (que probablemente mide lo mismo de alto que de ancho) han reconocido que se ponen faja, es que algo de glamour y magia tienes que tener.

ODA A LA FAJA
Temida por unos,
odiada por otros,
por muchas amada
y siempre olvidada.
Retorna la moda de
mi amiga faja.
Forroncha y botija
te quedas delgada
aunque no puedas ni
echar una meada.
Vulgaris, vulgara
muerte a la tanga
y arriba la faja.
                                   Candela dixit.
Fotograma de la película El diario de  Bridget Jones.

Pd. de S.: Feliz lunes a todos.

lunes, 4 de marzo de 2013

Los lunes de Candela. Volúmenes



          Candelita, hija, con lo mona que eres y qué pronto te han salido las tetas, me decía cariñosa mi querida abuela Rosita, ojo avizor de los berracos con los que habría de lidiar al tiempo. Mi abuela Rosita, (así llamada no sólo por medir un metro treinta sino por ser la benjamina de siete hermanos), que era muy vieja, muy sabia y tenía muy mala leche, tan mala que agriaba el café sólo con mirarlo, anunciaba con pena y conocimiento las vicisitudes que mi generoso lastre delantero iba a ocasionarme en mi primera adolescencia. Y es que todas las curvas y volúmenes que son tan bien recibidos a los treinta años son una turbación pesarosa a los catorce. Qué clases de gimnasia tan vergonzantes entre salto y salto de voleivol, también llamado balón volea, y qué piara de púberes salidos haciendo como el que no quiere la cosa en fila mirando el vaivén de mis protuberancias. Dicen que la chepa comienza a salirle a uno de viejo, mentira, en mi vida tuve más giba que entonces. Me encorvaba tanto para ocultar el pecho que llegué a tener los hombros por las orejas y aún hoy me sorprendo de no tener una escoliosis más grande que las escaleras de caracol de la Basílica de San Pedro en Roma. 
          Y a qué viene todo esto, Candela, os preguntaréis con ansias de conocimiento y campechana curiosidad. Pues bien, toda esta remembranza se debe a un percance que me ocurrió la semana pasada en el autobús(sorpredente, sí, pero por una vez no iba en el metro). Un señor muy maleducado (el calificativo de señor no sé si se lo merece, pero para el de maleducado hizo méritos), que estaba sentado en el asiento de delante al mío, se giró completamente y dejó su vista fija en mi escote. No es que llevara mucha abertura…, ¡¡y qué coño, aunque la llevara hasta el ombligo!! 
          Poco a poco, a medida que iban pasando los segundos empezó a recorrerme un pundonor incandescente desde la planta de los pies hasta el último pelo de la coronilla y, tras más de tres paradas, decidí preguntarle al bicho ojos de búho si es que se le habían caído dos euros en mi canalillo y trataba de recuperarlos con el poder de la mente, ya se sabe, intentando que ascendieran e hicieran ¡pof! de entre mi blusa tan sólo por mirar mucho y muy fijamente. Y, desde luego, si a pesar de ser tan maleducado tenía ese poder telequinésico, yo estaba dispuesta a ponerle un piso en Alcobendas a cambio de que me diera la combinación ganadora de la bonoloto del próximo martes. 
           Como era de esperar: poderes mentales pocos, grosería mucha… y finalmente mis senos y yo no tuvimos por menos que darle una buena hostia.
Ah, mi parada, me bajo.

Pd. de S: Feliz lunes a todos.

lunes, 25 de febrero de 2013

Los lunes de Candela. Smile



Hoy tengo una pregunta que no ha parado de revolotear por mi cabeza desde hace unos días. ¿Por qué algunas modelos tienen que posar poniendo cara de asco? Y por qué me asalta a mí una cuestión tan absurda como innecesaria pudiendo invertir mi tiempo en averiguar el teléfono del Duque o en leerme un libro. Muy sencillo. La culpa de todo este reconcome modelil la tienen los pelillos del bigote. Sí, señor. Tal cual suena. Durante toda esta semana he evitado por todos los medios vestir ningún tipo de prenda verde caqui, a pesar de que me encante ese color, por miedo a que me confundieran con un digno miembro de la benemérita, tal era el selvático vello que asomaba a mi rostro. Sin embargo, por una cosa o por otra, no encontraba nunca el momento de librarme de ellos, pues quería probar la técnica de la depilación con hilo. 
Liberada ya por fin de obligaciones el fin de semana y presta a poner fin a todo parecido razonable entre mi rostro y un camionero de Alcobendas, pedí cita en uno de esos sitios en que te eliminan todo lo eliminable con el mismo hilo con el que te puedes coser el bajo de los pantalones. Y si de paso puedes aprender tú la técnica, mejor que mejor, pues de todo hay que aprender en la vida y te puede salvar en casa de más de un apuro.
En fin, que allí llegué yo, sin maquillaje alguno y con más ganas de soltar lastre que los que anuncian los yogures de bífidus activos flora intestinales y no sé qué más cosas que ya de por sí lo fabrica tu propio organismo, que son ganas de jorobárselo pudiéndote tomar kiwis que es mano de santo, cuando sonrientes me indicaron que iban con retraso y que  debía esperar un poquito. Y amablemente la joven me sentó en una salita y me ofreció una revista para amenizar la espera. Tomé la publicación en mis manos dispuesta a hojearla… Y allí estaba ella, en toda la extensión de la portada: la cara de asco, también conocida en su casa como “modelo mira que soy sexi porque te pongo los morros como pa' fuera, con la boca un poco entreabierta, como la ponen las viejas de mi pueblo al ir a comulgar en misa, y al tiempo te voy a perdonar la vida con la mirada, pero sólo por ser tú y haberte gastado casi cinco euros en una revista cuyas primeras treinta páginas son de publicidad de marcas que no te vas a poder comprar en la puñetera vida y, atenta morena, que no te escupo porque la saliva no traspasa el papel y porque no tengo ganas, que, si no, te duchaba”… Y, visto esto, yo me enajeno preguntándome pero ¿por qué?, ¿qué fotógrafo te indica esas muecas y gestos?, ¿o eres tú porque quieres?, ¿o es que es así la enjundia del pase-pose?
           Es que es pensarlo y no entenderlo. Y al final te quedas cavilando: si con lo guapa que eres y el pastizal que ganas no sonríes ni siquiera un poco para la foto… pues, chica, cómete un kiwi.


Pd de S:  Aquí os dejo un vídeo de la escritora y educadora en inteligencia emocional Elsa Punset sobre la importancia del optimismo para el ser humano. (Y apenas dura 7 minutos).

http://www.inteligenciaemocionalysocial.com/1348/la-mirada-de-elsa/el-poder-del-optimismo 

"Convierte tu muro en un peldaño". Rainer Maria Rilke.

Feliz lunes



lunes, 18 de febrero de 2013

Los lunes de Candela. Rabioso



¡Cuánta agresividad por el mundo! Desde que vi a un trajeado bajarse de su lujoso coche de alta gama, sacar del maletero un paraguas y correr hacia el vehículo delantero con la clara y flagrante intención de romperle la luna trasera, los faros, o la crisma, si es que el conductor osaba bajarse del utilitario, no he vuelto a ser la misma. Los salvajes documentales de la dos me resultan insípidos, A quién podría impresionarle ya una letal batalla entre dos rinocerontes macho por el control del territorio y las hembras cuando se ha presenciado en vivo y en directo el ataque en la sabana de asfalto del ejecutivo-estresado-agresivo que alberga un psicópata de manual dentro, aunque lleve a sus hijos a un colegio bilingüe de pago. A mí, desde luego, ya no.
Y sin embargo lo mejor de la escena aún estaba por llegar: el choteo. Qué secuencia para narrar con tono chiquistaní tomando cañas…
Ese coche de delante que se para y espera al límite a que el ejecutivo enloquecido casi golpee su maletero, y en el último instante acelera bruscamente, dejándole colgado en su amago, para frenar en seco unos metros más adelante y volver a aguardar con temeraria cautela el golpe, que de nuevo nunca llega a producirse, pues el enfurecido vuelve a quedarse a las puertas de la gloria, esta vez más histérico y fuera de sí, sabedor del pitorreo; y consciente de que por mucha mala hostia, mucho traje y mucho paraguas, de nada le vale frente a la máquina.
Qué momento, qué tensión, qué apuestas se hicieron dos jubilados sobre el desenlace: “¿A que le da?, ¿A que no?, ¿Pero quién lo ha empezado?, Éste, Pues anda que el otro, Na, Verás, Lo que te digo, La guasa, Mira, mira, pero que va con ganas, Ay, qué cara rabioso, Na, que al final no se dan…”.
Y, como colofón, a qué conclusión llegamos: ¿a la de que el hombre es un lobo para el hombre?, ¿a que no es saludable desayunar azúcares refinados porque dan subidas bruscas de glucosa?, ¿a que vamos por la vida con emociones cruzadas no resueltas? No. En absoluto. A decir verdad, yo en lo que más me fijé fue en que el paraguas era bueno que te cagas. Y si no me hubiera frenado la prudencia, le hubiera preguntado dónde se lo había comprado. Porque los míos es hacer un poquito de viento y se dan la vuelta como la falda de Marilyn.

Marilyn en un fotograma de La tentación vive arriba
Pd de S: Feliz lunes sin estrés. Y gracias por leer y comentar. 

viernes, 15 de febrero de 2013

Feliz "San Viernentín"




Besar callado no es lo mismo que besar sin decir nada.
El silencio nunca es igual para todos.

Feliz "San Viernentín".

lunes, 11 de febrero de 2013

Los lunes de Candela. Sobremesa... letal



          Esta semana he decidido adentrarme en el inquietante mundo de las películas de sobremesa. Mi mente, tras tres sesiones seguidas, al borde de la catarsis no dejaba de preguntarse una y otra vez qué inquietante ser es el que traduce los títulos. ¿Un becario explotado y resentido dispuesto a vengarse y hundir la cadena?, ¿un pobre filólogo retenido contra su voluntad en la sala de doblaje?.. Otra explicación lógica no me queda para que un telefilme que en el original se titule, póngase por ejemplo, Nina’s Diary (El diario de Nina) acabe siendo traducida como romance letal, gemela fatal, vecindario mortal... Es más estoy casi segura de que a ese pobre traductor algún jefe de programación en algún momento le ha dicho: “Mira, Manolo, tú aquí tienes carta blanca para adecuar los foráneos lexemas a los patrios significados, pero eso sí, en el rótulo me metes con calzador por lo menos una de estas palabras: atracción, destino, peligro, amante, inexorable, mortífero, letal, fatal, mortal…
          Que dichas así de carrerilla te puedes venir arriba y completar tú la serie léxica con la canción de Lucas Grijander/Krispín (Jander) Klander: letal, fatal, amatoma, sexual, diodenal. Pues más de uno te dirá que mejor tener un amatoma diodenal que un desenlace fatal.

            ¡Cuántas preguntas asaltan mi mente!
            Y cómo es posible que esas rubias protagonistas se levanten con tan buen aspecto y con el rabillo del ojo tan bien maquillado ya de buena mañana, o que permanezcan en sus casas con tacones de diez centímetros prestas a encontrar siempre el amor de su vida en Joe, Tim, Jake, Michael, Billy Bob, ese antiguo compañero de instituto que permanece en el pueblo de su infancia, al que han tenido que regresar tras un divorcio fatal. Y allí, casualmente, Billy también se haya separado por una infidelidad letal (por parte de la ex mujer, claro) y que, a pesar de los palos de la vida, el tiempo le haya tratado mejor que al vino y ahora esté cachas que te cagas, aunque un poco a la defensiva tras los cuernos, porque él es en el fondo un hombre comprensivo y sensible, aunque sin perder lo viril; pero tranquilidad, que aunque parezca desencantado no hay que preocuparse, pues Jane, Lory, Tammy o Linda va a traerlo de vuelta y convertirlo en un creyente del amor de Cupido del bueno; y ambos se declararán al calor de un chispeante hogar, mientras liban de burbujeantes copas, que siempre se han amado, que jamás habían sentido nada parecido por nadie y que ya nunca más se dejarán escapar… Que cuando oyes esto a las cuatro de la tarde y recién comida no puedes parar de pensar: pues si tan claro lo teníais, ¿ande habéis tenido la cabeza todo este tiempo?, porque esto del reencuentro os ha venido rodado, que, si no, antes mucho interés no teníais, ¿eh, majos?
        Lo que yo te diga… apollardados perdidos…Huy, perdón, que se me olvidaba que estábamos hablando de una peli de sobremesa: apollardamiento fatal.

          Apollardao: “estar atontado, confuso o no pendiente de lo que se hace o dice”.


Pd. de S: Feliz amatoma  letal, digo feliz lunes a todos.
Si se os ocurren nuevos títulos y quereís dejarlos en los comentarios, podemos hacer una lista, jeje.

lunes, 4 de febrero de 2013

Los lunes de Candela. Bazares



Qué tendrán los bazares chinos que a mí me sulibeyan. Y si bien tengo una relación de amor-odio, cada vez que veo uno, como tenga un rato libre, no puedo dejar de pasar.
A veces, me quedo en la puerta sólo durante un instante, sobrecogida por el temor que mi abuela Rosita, que tiene más años que la catedral de Burgos, se ha emperrado en transmitirme, temerosa de caer por una trampilla en el suelo, cual Alicia en el país de las maravillas (en este caso, el país de las (tres) delicias) y desembocar en un lóbrego sótano en el que te quiten todos los órganos vitales, la tarjeta de crédito y las fotos de la comunión de tus hijos, si es que los tienes.
Sin embargo, yo, que tengo menos precaución que un mochilero y el hígado un poco trasnochado de cerveza de la buena, consigo apartar rápidamente las inquietudes mentales de mi abuela Rosita y me lanzo chino adentro en busca de cualquier zarandaja que me llame la atención.
Nada más cruzar el umbral, un sinfín de estantes metálicos parecen abalanzarse sobre ti, reventones de objetos tan poco identificados que si Iker Jiménez quisiera se hacía dos temporadas de programas de misterios. Acto seguido, te adentras; al principio sin alejarte mucho de la puerta de salida a la calle, residuos del resquemor, y al poco, al coger confianza, te lanzas al interior de esos pasillos infinitos.
Es entonces cuando los objetos van cobrando forma y descubres artilugios que ni Edison en sus mejores años… Eso sí, todo hecho con materiales nobles y acabados de calidad, ¿eh?
Una muñequita de porcelana con carita de psicópata, una yogurtera de plástico, unas medias que te llegan hasta el sobaco, una sartén wok, la braga-tanga que al mismo tiempo es braga-faja, unas zapatillas de andar por casa que sólo tienen tres números: pequeño, grande e indefinido (indefinido porque a veces la etiquetada como grande puede ser de menor tamaño que la clasificada como petite) y (redoble de tambores)… el producto estrella: el gatito “ven pa’ acá” o gatito “que te pego leche”, si se quiere hacer un homenaje añejo a unas conocidas desavenencias empresario-ministro. Que si atrae el dinero, que si atrae la suerte, que si te hipnotiza... Nunca tendremos demasiado claras las virtudes del gatito hitleriano, pero yo por si acaso ya estoy pensando en comprarme uno. La pena es que aún no hayan fabricado ninguno que en vez del puño cerrado tenga el dedito corazón bien estirado hacia arriba para poder ponerlo tras la luna trasera del coche… que más peculio no sé si tendría, pero en saliva iba a ahorrar un rato largo.




 Pd. de S:  Tras una exhaustiva y profunda investigación sin base científica alguna y de por lo menos cinco minutos en Internet, he averiguado que los inquietantes gatitos se llaman Zhaocai mao (en chino) o Maneki neko (en japonés) y que según la patita que levanten y el color que tengan, traerán suerte en una cosa o en otra.
Sayonara baby, digo feliz lunes a todos.

lunes, 28 de enero de 2013

Los lunes de Candela. Running



Pero qué manía tiene la gente con estar sana y fermosa.
Contagiada del espíritu de enmienda que siempre trae consigo el frío mes de enero, he decidido ponerme en forma. Y si ya meses atrás opté por intentar seguir una dieta, y digo intentar porque llevarla a cabo fue una misión más imposible que las que acostumbra nalguitas respingonas, también conocido en su casa como Tom Cruise, la semana pasada decidí empezar a ir a correr. ¿Por qué? Yo estoy casi convencida de que si le preguntaran a alguien la razón de a ir contra la natura y ponerse al trote cochinero a primera hora de la mañana sólo cabrían tres respuestas lógicas:
1. Me persigue la policía, por supuesto por un delito que no he cometido.
2. Tengo que coger ese autobús (en él además debe ir George Clooney, por lo menos).
3. Intento a la desesperada perder el culo botijo para entrar de nuevo en mis vaqueros favoritos.
Como es lógico imaginar en mí, ay, Candelita, la respuesta no puede ser más que la tercera. Y es que enero, aparte de gélido y empinado, es un cachondo mental y siempre hace crecer en nuestro interior un mundo de posibilidades y esperanzas de mejora personal. Y ya sé que me diréis que el mes está a punto de acabar y que por qué no empecé con mi objetivo de transformación desde los primeros días…
Muy sencillo: he necesitado semanas para concienciarme del atuendo que me tenía que poner. No hay cosa más hortera que un chándal. Me da igual que se lo pusiera una de las Spice girls en sus conciertos y dijeran que era sexy o que los institutos estén plagados de jovencitas con el piercing del ombligo al aire a juego con el color de sus prendas deportivas.
A mí que me expliquen cómo lo hacen, porque yo es ponerme un chándal e írseme todo el encanto (charm que dicen los sajones) a tomar por cu…
Por supuesto, en cuanto me vi con semejante aspecto en el espejo, me quité los pantalones de felpa y los arrojé al suelo como si quemaran (¡Contigo no, bicho!) y preferí enfundarme en los leggings que me transparentaban un poco el trasero. Total, pensé, como esto va a estar todo el rato en movimiento, nadie se va a poder fijar. Ja, ilusa de mí e infelice. 
A la ida todo iba perfecto. Animada y decidida, bajé a la calle e hice unos estiramientos perrunos en el banco de la esquina donde en verano escucha la radio la señora Teresa. Acto seguido, empecé a mover las piernas a buen ritmo mientras acompasaba la respiración, como te aconsejan los expertos. Y poco me importaba que mi retaguardia se tambaleara como si no hubiera un mañana, porque yo era más rápida que el viento, pasaba adelantando a todo peatón que invadiera mi objetivo: unos jeans de hace cinco temporadas.
Hasta que pasó… ¿Qué ocurrió? Pues que a mí me tuvo que implosionar algo por dentro, y eso que yo no oí nada, pero se me tuvo que partir la junta de la trócola o el alma, no sé, no lo tengo claro aún, porque me creí morir (de hecho, creo que San Pedro se asomó a la mirilla para ver quién andaba por el rellano). (San Pedro, que soy yo; anda, Candela, baja que aún no te toca, si es que cómo se te ocurre lanzarte con esas ganas si llevas por lo menos tres reencarnaciones en el sofá).
Vencida por las circunstancias, pero con la dignidad aún intacta, decidí dar media vuelta y regresar a casa como mejor pudiera, cojitranca y con ardor en los pulmones. Una quemazón a la que pronto se sumó mi cara al recordar que ya no podía “adelantar” a nadie y por ende mi pompis, desparramado bajo una tela translúcida, no podía alejarse velozmente de las miradas de los transeúntes.
Una vez más, marcadores:
            sentido del ridículo 0……...Candela 1


Correr por una buena causa.


 PD de S: Feliz lunes a todos.
Permitidme que hoy haga una mención especial a la I Exposición Fotográfica de Luis Sánchez: gran fotógrafo y mejor persona. 
Podéis ver sus fotos aquí: www.luissanchezphoto.com

lunes, 21 de enero de 2013

Los lunes de Candela. Poca, poca



No tengo aún muy claro si creo en que hay vida en el espacio exterior más allá de La Tierra o no, y menos conciso tengo si esa vida es inteligente o por lo menos de raciocinio superior a nosotros. Que, hombre, si la comparamos con el cociente intelectual de los concursantes del reality que acaba en Shore, vamos, ni aunque el espacio estuviera habitado por amebas…, nos ganaban por goleada. Pero…

Y por qué, os preguntaréis (o no), te da a ti por estar dubitativa hoy. Bueno, dejando aparte que hay días que tengo más dudas que piezas tiene un juego de Lego y más indecisión que un semáforo en ámbar, este inquietante lunes he recordado un reportaje recopilatorio de hechos importantes del 2012 que vi la semana pasada.
Sobre todo, a mi mente volvía una y otra vez la parte en la que recordaban el supuesto fin del mundo augurado por los mayas el 21 de diciembre.
Los reporteros se habían ido hasta un pueblecito francés donde se encontraba una montaña desde la que supuestamente se podrían salvar algunos de los humanos escogidos por los extraterrestres para llevárselos consigo. Humanos por supuesto contactados previamente por los seres extraplanetarios para concertar sitio, día y hora. ¿Cómo se pusieron de acuerdo?, no lo dijeron, pero yo imagino que por lo menos harían la quedada por whatsapp; qué menos poder tecnológico se puede esperar de seres más avanzados que nosotros. Vamos que ya me imagino yo al amigo de ET haciendo un llama/cuelga de “ya he llegado”. Qué me inquietan a mí las llamadas perdidas, ¿a dónde van? ¿se pierden para siempre?, ¿habitan el limbo porque están sin descolgar?
Pero la enjundia de toda esta cuestión, lo realmente inquietante, eran los especímenes elegidos para ser salvados: aquí va la lista de los VIP.
*gente con embudos en la cabeza,
*un Papá Noel con un teléfono de rueda acoplado en la cadera (supongo que el móvil no le cogía cobertura y en estos casos de Apocalipsis es mejor tener siempre línea directa),
*una señora con una linterna pegada con cinta de carrocero en la cabeza (que la Macarena la ampare cuando se la quiera quitar)…
*un coro de palmeros que parecían cantar la versión de All my loving de los Manolos.

          Y, tras observar muy atentamente todo, sólo me surgieron dos reflexiones.
Una, que si salvarse significaba tener que convivir con esa panda… era casi mejor irse para el otro barrio. Y dos, que si los extraterrestres se llevaban como muestra de la humanidad a esos especímenes en vez de a un premio Nobel en medicina (o en su defecto a Brad Pitt) es que de inteligencia superior… poca, poca.

 All my loving, Los Manolos

Pd. de S: Feliz lunes extraplanetario, Candelas y Candelos.
Gracias por leer (thanks for reading, qué me gusta a mí decirlo en inglés) y comentar.

miércoles, 16 de enero de 2013

Formulario



           Las uñas, lacadas de negro se fundían en el teclear del ordenador.
           -Le falta a usted el impreso B43 -dijo ella sin levantar la vista de la pantalla luminosa.
          Apenas si terminó sus palabras, Claudio dio un paso atrás y rebuscó con brío en el bolsillo interior de su chaqueta de pana, algo roída por los codos y la bocamanga. No sabía muy bien cuál era el impreso B43 ni si él disponía de tal papel, pero si por casualidad fuera poseedor de un timbre de tal nombre, aun sin saberlo, sólo podría tenerlo en el bolsillo interior de su americana. Cualquier cosa que tuviera un especial significado e importancia, aunque fuera una minucia, iba a parar a ese espacio incluso sin darse él apenas cuenta, casi de modo automático. 
         En el bolsillo del forro interior guardaba sus más profundos deseos, las ganas de besar a Aurora y el olor a café de la mañana. Doblaba con cuidado el sueño de viajar a Mallorca en verano y el sabor del bogavante que una vez probó en la fiesta de aniversario de su empresa. Apilaba uno encima del otro, encajándolos con mucho cuidado, los boletos de lotería del jueves, los tiques de la compra cuando la suma acababa en tres y un coletero rosa que un día se encontró tirado en la acera. Le recordó a uno que tenías de pequeña, uno del que colgaban pequeñas mariquitas y sandías. Podría haber sido suyo. Podría. Y por eso lo recogió con cuidado del pavimento y lo introdujo en el ajado saquillo. El mismo en el que ahora tenía metida la mano y afanoso buscaba un formulario que, seguramente, no tenía, como tantas otras cosas. Aunque, con toda seguridad,  si no estaba dentro de ese bolsillo… era porque realmente no le importaba.

Pd de S: A veces me exigen formularios que no poseo y siento que la inquietud se apodera del cuerpo, hasta que busco con la palma de la mano mi bolsillo interior y recuerdo por qué no lo tengo. ¿Y tú?
Feliz miércoles.

lunes, 14 de enero de 2013

Los lunes de Candela. Dangerous print



Dicen que aparcar en el centro es difícil. Mentira. Lo realmente complicado es salir a comprar unos zapatos para mi marido y no acabar con unos para mí, aunque sean unas zapatillas de felpa simplonas. Sin embargo, lo que realmente quiero hoy es advertir al mundo sobre el peligroso poder e influjo que sobre nosotros pueden ejercer los complementos de fiesta.
Desde estampados de leopardo hasta brillos dorados, pasando por satenes de color pastel, las carteras de mano, también llamadas clutch por ahorro lingüístico y porque así el bolsito parece más bueno y bonito, y de los zapatos de fiesta (aún no he descubierto una vocablo que sustituya, aunque bien podría ser los partshus, de party shoes, es decir, zapatos de fiesta) todo es un peligro. Y es que pierdes un momento la concentración y, ¡zas!, acabas llevándote unos para tu casa, aunque no te gusten, sólo porque brillan…

Ocurrió así:
Entramos mi marido y yo en la zapatería en busca de un par para él y, tras pedir al dependiente el número y modelo deseado, nos sentamos en un banquito de la tienda en espera de que lo trajeran del almacén y se lo pudiera probar. Cuando, inquieta de mí, oteé cual avecilla del monte el resto de pares que allí se encontraban y de pronto mi vista y todo mi ser se quedó atrapado, anclado e hipnotizado por la balda y parte de la pared que albergaba los complementos de fiesta. Incauta…
Los primeros en atraparme fueron unos zapatos, de satén rosa con pliegues drapeados en el lateral, que lucían en el empeine un ramillete de bolitas rosadas arracimadas, pulidas y nacaradas que no dejaban de recordarme la descripción que nos hacía mi tío Jacinto de sus almorranas. Cuando por fin pude apartar la vista de ellos, me retuvo una cartera de estampado de leopardo. Ese mini bolsito en el que no debía caber más que un pensamiento, y que fuera bueno, me tenía el ánimo completamente subyugado y alienado, tanto que si me hubiera pedido que invadiera Polonia, yo invado Polonia toda, sin música de Wagner ni nada, a palo seco, porque ese print tenía el control de mi ser. Lo mismo que un bolso de mano completamente dorado y brillante que parecía recubierto de escamas de pescado. Y es que hay que tener mucho cuidado con el glitter, porque que es muy traicionero: es mirarlo una sola vez y ya estás perdido. El glitter, brillo, purpurina, o como quieras llamarlo, te hipnotiza, abduce y anula cual secta de California. Vamos, que reduce tu voluntad a escombros. 

Es verlo y no poder dejar de mirarlo. 
Poco a poco se va introduciendo en tu mente, de modo tan sutil, que casi sin darte cuenta acabas llevando un bolso igual a la próxima boda de tu prima… En mi caso de la misma… que mi prima Isabelita ya va por la tercera. Y me da a mí en la nariz que en dos años o quizá tres tengamos la cuarta. Le ha cogido un gusto la muchacha que nos tiene a todas las féminas de la familia en vilo, pues nos quedamos sin fondo de armario que lucir. Porque ya se sabe que no se puede repetir vestido si vas a coincidir con las mismas personas en el evento. Cosa que a Isabelita parece importarle un pimiento… Desconsiderada. Qué manía con querer encontrar al príncipe azul de su vida. ¡Chica, quédate con el que ya tienes que yo me quedo sin qué ponerme!

Pd. de S: Esta semana publicaré a mitad de semana también. 
Feliz lunes glitter a todos.

lunes, 7 de enero de 2013

Los lunes de Candela. (v.o.). Feliz año... knitter.



¿Hasta cuándo hemos de dejar de decir feliz año? Es un dilema inquietante que me tiene en un sinvivir durante estas fechas. En los primeros días la cosas es sencilla: uno le felicita el año a todo quisqui, desde el carnicero a cualquier ser de dos patas que te cruces por la calle, incluso a los que te preguntan la hora. Es más, se han dado casos de atracos el día uno en los que asaltante y víctima se han llegado a dar dos besos al tiempo que se decían: “Feliz taitantos (fecha que corresponda), a ver si se da bien el año”. “Y sobre todo que tengamos salud, eh, que es lo más importante”.
Sin embargo, las dificultades comienzan tras pasar la fecha de Reyes. Porque, por ejemplo, a día once de enero qué hacer cuando te encuentras con alguien que no has visto desde el mes de diciembre. Obviamente uno se para y saluda y… ¿también dice feliz año o eso ya queda fuera de lugar? Porque según el último reportaje de Informe semanal se han dado casos documentados en la zona centro de Móstoles y sur de Vallecas de gente que se ha felicitado el año hasta bien entrado el mes de junio sólo por no saber cómo rellenar encuentros incómodos con conocidos. Que bien podrían haber hablado del tiempo (del atmosférico, claro)… pero como el cuerpo humano es un misterio, cada uno conversa sobre lo que le da la gana.
           Y yo como este año no me pude comer todas las uvas, porque más que pequeños óvalos jugosos de néctar eran melones de Villaconejos (de esos de piel de sapo y cuatro arrobas mínimo), he decido sorprender a todo el mundo y desear próspero año nuevo a todo el que me encuentre hasta Semana Santa. Y a ver qué me responden. Será toda una sorpresa. Bueno… menos la señora Teresa, mi vecina, de la que todos sabemos lo que nos va a recitar. Teresa es una señora entrañable con la cabeza en las Batuecas que a todo lo que le digas casi siempre contesta “puta, puta, puta”. Sin embargo a ella también estoy dispuesta a sorprenderla y para ello me he propuesto hacerle rimas (consonantes, y asonantes también, que una no siempre tiene el día fino).
Así cuando ella diga “puta”, responderé:
señora Teresa es muy sano comer fruta,
o mejor ser casquivana que versuta,
o mi marido manda poco aunque crea llevar la batuta,
o mejor coma jamón que el chóped es una cagarruta.
Y sin duda lo que más me va a alegrar será el día que me conteste: ¡Argonauta!
Porque yo de la señora Teresa me lo espero todo desde el día en que la vi tejiendo y al alabar su maña me respondió: “Yo no hago punto, cateta, yo soy una knitter, como Julia Roberts o la Parker esa que le da al “seso” en el Nueva York”.
… Todo dicho.
Abuela tejedora






Pd de S: Felices Reyes Magos, Candelas y Candelos. Y un beso fuerte a tod@ los knitter (entre los cuales me encuentro).