lunes, 28 de enero de 2013

Los lunes de Candela. Running



Pero qué manía tiene la gente con estar sana y fermosa.
Contagiada del espíritu de enmienda que siempre trae consigo el frío mes de enero, he decidido ponerme en forma. Y si ya meses atrás opté por intentar seguir una dieta, y digo intentar porque llevarla a cabo fue una misión más imposible que las que acostumbra nalguitas respingonas, también conocido en su casa como Tom Cruise, la semana pasada decidí empezar a ir a correr. ¿Por qué? Yo estoy casi convencida de que si le preguntaran a alguien la razón de a ir contra la natura y ponerse al trote cochinero a primera hora de la mañana sólo cabrían tres respuestas lógicas:
1. Me persigue la policía, por supuesto por un delito que no he cometido.
2. Tengo que coger ese autobús (en él además debe ir George Clooney, por lo menos).
3. Intento a la desesperada perder el culo botijo para entrar de nuevo en mis vaqueros favoritos.
Como es lógico imaginar en mí, ay, Candelita, la respuesta no puede ser más que la tercera. Y es que enero, aparte de gélido y empinado, es un cachondo mental y siempre hace crecer en nuestro interior un mundo de posibilidades y esperanzas de mejora personal. Y ya sé que me diréis que el mes está a punto de acabar y que por qué no empecé con mi objetivo de transformación desde los primeros días…
Muy sencillo: he necesitado semanas para concienciarme del atuendo que me tenía que poner. No hay cosa más hortera que un chándal. Me da igual que se lo pusiera una de las Spice girls en sus conciertos y dijeran que era sexy o que los institutos estén plagados de jovencitas con el piercing del ombligo al aire a juego con el color de sus prendas deportivas.
A mí que me expliquen cómo lo hacen, porque yo es ponerme un chándal e írseme todo el encanto (charm que dicen los sajones) a tomar por cu…
Por supuesto, en cuanto me vi con semejante aspecto en el espejo, me quité los pantalones de felpa y los arrojé al suelo como si quemaran (¡Contigo no, bicho!) y preferí enfundarme en los leggings que me transparentaban un poco el trasero. Total, pensé, como esto va a estar todo el rato en movimiento, nadie se va a poder fijar. Ja, ilusa de mí e infelice. 
A la ida todo iba perfecto. Animada y decidida, bajé a la calle e hice unos estiramientos perrunos en el banco de la esquina donde en verano escucha la radio la señora Teresa. Acto seguido, empecé a mover las piernas a buen ritmo mientras acompasaba la respiración, como te aconsejan los expertos. Y poco me importaba que mi retaguardia se tambaleara como si no hubiera un mañana, porque yo era más rápida que el viento, pasaba adelantando a todo peatón que invadiera mi objetivo: unos jeans de hace cinco temporadas.
Hasta que pasó… ¿Qué ocurrió? Pues que a mí me tuvo que implosionar algo por dentro, y eso que yo no oí nada, pero se me tuvo que partir la junta de la trócola o el alma, no sé, no lo tengo claro aún, porque me creí morir (de hecho, creo que San Pedro se asomó a la mirilla para ver quién andaba por el rellano). (San Pedro, que soy yo; anda, Candela, baja que aún no te toca, si es que cómo se te ocurre lanzarte con esas ganas si llevas por lo menos tres reencarnaciones en el sofá).
Vencida por las circunstancias, pero con la dignidad aún intacta, decidí dar media vuelta y regresar a casa como mejor pudiera, cojitranca y con ardor en los pulmones. Una quemazón a la que pronto se sumó mi cara al recordar que ya no podía “adelantar” a nadie y por ende mi pompis, desparramado bajo una tela translúcida, no podía alejarse velozmente de las miradas de los transeúntes.
Una vez más, marcadores:
            sentido del ridículo 0……...Candela 1


Correr por una buena causa.


 PD de S: Feliz lunes a todos.
Permitidme que hoy haga una mención especial a la I Exposición Fotográfica de Luis Sánchez: gran fotógrafo y mejor persona. 
Podéis ver sus fotos aquí: www.luissanchezphoto.com

lunes, 21 de enero de 2013

Los lunes de Candela. Poca, poca



No tengo aún muy claro si creo en que hay vida en el espacio exterior más allá de La Tierra o no, y menos conciso tengo si esa vida es inteligente o por lo menos de raciocinio superior a nosotros. Que, hombre, si la comparamos con el cociente intelectual de los concursantes del reality que acaba en Shore, vamos, ni aunque el espacio estuviera habitado por amebas…, nos ganaban por goleada. Pero…

Y por qué, os preguntaréis (o no), te da a ti por estar dubitativa hoy. Bueno, dejando aparte que hay días que tengo más dudas que piezas tiene un juego de Lego y más indecisión que un semáforo en ámbar, este inquietante lunes he recordado un reportaje recopilatorio de hechos importantes del 2012 que vi la semana pasada.
Sobre todo, a mi mente volvía una y otra vez la parte en la que recordaban el supuesto fin del mundo augurado por los mayas el 21 de diciembre.
Los reporteros se habían ido hasta un pueblecito francés donde se encontraba una montaña desde la que supuestamente se podrían salvar algunos de los humanos escogidos por los extraterrestres para llevárselos consigo. Humanos por supuesto contactados previamente por los seres extraplanetarios para concertar sitio, día y hora. ¿Cómo se pusieron de acuerdo?, no lo dijeron, pero yo imagino que por lo menos harían la quedada por whatsapp; qué menos poder tecnológico se puede esperar de seres más avanzados que nosotros. Vamos que ya me imagino yo al amigo de ET haciendo un llama/cuelga de “ya he llegado”. Qué me inquietan a mí las llamadas perdidas, ¿a dónde van? ¿se pierden para siempre?, ¿habitan el limbo porque están sin descolgar?
Pero la enjundia de toda esta cuestión, lo realmente inquietante, eran los especímenes elegidos para ser salvados: aquí va la lista de los VIP.
*gente con embudos en la cabeza,
*un Papá Noel con un teléfono de rueda acoplado en la cadera (supongo que el móvil no le cogía cobertura y en estos casos de Apocalipsis es mejor tener siempre línea directa),
*una señora con una linterna pegada con cinta de carrocero en la cabeza (que la Macarena la ampare cuando se la quiera quitar)…
*un coro de palmeros que parecían cantar la versión de All my loving de los Manolos.

          Y, tras observar muy atentamente todo, sólo me surgieron dos reflexiones.
Una, que si salvarse significaba tener que convivir con esa panda… era casi mejor irse para el otro barrio. Y dos, que si los extraterrestres se llevaban como muestra de la humanidad a esos especímenes en vez de a un premio Nobel en medicina (o en su defecto a Brad Pitt) es que de inteligencia superior… poca, poca.

 All my loving, Los Manolos

Pd. de S: Feliz lunes extraplanetario, Candelas y Candelos.
Gracias por leer (thanks for reading, qué me gusta a mí decirlo en inglés) y comentar.

miércoles, 16 de enero de 2013

Formulario



           Las uñas, lacadas de negro se fundían en el teclear del ordenador.
           -Le falta a usted el impreso B43 -dijo ella sin levantar la vista de la pantalla luminosa.
          Apenas si terminó sus palabras, Claudio dio un paso atrás y rebuscó con brío en el bolsillo interior de su chaqueta de pana, algo roída por los codos y la bocamanga. No sabía muy bien cuál era el impreso B43 ni si él disponía de tal papel, pero si por casualidad fuera poseedor de un timbre de tal nombre, aun sin saberlo, sólo podría tenerlo en el bolsillo interior de su americana. Cualquier cosa que tuviera un especial significado e importancia, aunque fuera una minucia, iba a parar a ese espacio incluso sin darse él apenas cuenta, casi de modo automático. 
         En el bolsillo del forro interior guardaba sus más profundos deseos, las ganas de besar a Aurora y el olor a café de la mañana. Doblaba con cuidado el sueño de viajar a Mallorca en verano y el sabor del bogavante que una vez probó en la fiesta de aniversario de su empresa. Apilaba uno encima del otro, encajándolos con mucho cuidado, los boletos de lotería del jueves, los tiques de la compra cuando la suma acababa en tres y un coletero rosa que un día se encontró tirado en la acera. Le recordó a uno que tenías de pequeña, uno del que colgaban pequeñas mariquitas y sandías. Podría haber sido suyo. Podría. Y por eso lo recogió con cuidado del pavimento y lo introdujo en el ajado saquillo. El mismo en el que ahora tenía metida la mano y afanoso buscaba un formulario que, seguramente, no tenía, como tantas otras cosas. Aunque, con toda seguridad,  si no estaba dentro de ese bolsillo… era porque realmente no le importaba.

Pd de S: A veces me exigen formularios que no poseo y siento que la inquietud se apodera del cuerpo, hasta que busco con la palma de la mano mi bolsillo interior y recuerdo por qué no lo tengo. ¿Y tú?
Feliz miércoles.

lunes, 14 de enero de 2013

Los lunes de Candela. Dangerous print



Dicen que aparcar en el centro es difícil. Mentira. Lo realmente complicado es salir a comprar unos zapatos para mi marido y no acabar con unos para mí, aunque sean unas zapatillas de felpa simplonas. Sin embargo, lo que realmente quiero hoy es advertir al mundo sobre el peligroso poder e influjo que sobre nosotros pueden ejercer los complementos de fiesta.
Desde estampados de leopardo hasta brillos dorados, pasando por satenes de color pastel, las carteras de mano, también llamadas clutch por ahorro lingüístico y porque así el bolsito parece más bueno y bonito, y de los zapatos de fiesta (aún no he descubierto una vocablo que sustituya, aunque bien podría ser los partshus, de party shoes, es decir, zapatos de fiesta) todo es un peligro. Y es que pierdes un momento la concentración y, ¡zas!, acabas llevándote unos para tu casa, aunque no te gusten, sólo porque brillan…

Ocurrió así:
Entramos mi marido y yo en la zapatería en busca de un par para él y, tras pedir al dependiente el número y modelo deseado, nos sentamos en un banquito de la tienda en espera de que lo trajeran del almacén y se lo pudiera probar. Cuando, inquieta de mí, oteé cual avecilla del monte el resto de pares que allí se encontraban y de pronto mi vista y todo mi ser se quedó atrapado, anclado e hipnotizado por la balda y parte de la pared que albergaba los complementos de fiesta. Incauta…
Los primeros en atraparme fueron unos zapatos, de satén rosa con pliegues drapeados en el lateral, que lucían en el empeine un ramillete de bolitas rosadas arracimadas, pulidas y nacaradas que no dejaban de recordarme la descripción que nos hacía mi tío Jacinto de sus almorranas. Cuando por fin pude apartar la vista de ellos, me retuvo una cartera de estampado de leopardo. Ese mini bolsito en el que no debía caber más que un pensamiento, y que fuera bueno, me tenía el ánimo completamente subyugado y alienado, tanto que si me hubiera pedido que invadiera Polonia, yo invado Polonia toda, sin música de Wagner ni nada, a palo seco, porque ese print tenía el control de mi ser. Lo mismo que un bolso de mano completamente dorado y brillante que parecía recubierto de escamas de pescado. Y es que hay que tener mucho cuidado con el glitter, porque que es muy traicionero: es mirarlo una sola vez y ya estás perdido. El glitter, brillo, purpurina, o como quieras llamarlo, te hipnotiza, abduce y anula cual secta de California. Vamos, que reduce tu voluntad a escombros. 

Es verlo y no poder dejar de mirarlo. 
Poco a poco se va introduciendo en tu mente, de modo tan sutil, que casi sin darte cuenta acabas llevando un bolso igual a la próxima boda de tu prima… En mi caso de la misma… que mi prima Isabelita ya va por la tercera. Y me da a mí en la nariz que en dos años o quizá tres tengamos la cuarta. Le ha cogido un gusto la muchacha que nos tiene a todas las féminas de la familia en vilo, pues nos quedamos sin fondo de armario que lucir. Porque ya se sabe que no se puede repetir vestido si vas a coincidir con las mismas personas en el evento. Cosa que a Isabelita parece importarle un pimiento… Desconsiderada. Qué manía con querer encontrar al príncipe azul de su vida. ¡Chica, quédate con el que ya tienes que yo me quedo sin qué ponerme!

Pd. de S: Esta semana publicaré a mitad de semana también. 
Feliz lunes glitter a todos.

lunes, 7 de enero de 2013

Los lunes de Candela. (v.o.). Feliz año... knitter.



¿Hasta cuándo hemos de dejar de decir feliz año? Es un dilema inquietante que me tiene en un sinvivir durante estas fechas. En los primeros días la cosas es sencilla: uno le felicita el año a todo quisqui, desde el carnicero a cualquier ser de dos patas que te cruces por la calle, incluso a los que te preguntan la hora. Es más, se han dado casos de atracos el día uno en los que asaltante y víctima se han llegado a dar dos besos al tiempo que se decían: “Feliz taitantos (fecha que corresponda), a ver si se da bien el año”. “Y sobre todo que tengamos salud, eh, que es lo más importante”.
Sin embargo, las dificultades comienzan tras pasar la fecha de Reyes. Porque, por ejemplo, a día once de enero qué hacer cuando te encuentras con alguien que no has visto desde el mes de diciembre. Obviamente uno se para y saluda y… ¿también dice feliz año o eso ya queda fuera de lugar? Porque según el último reportaje de Informe semanal se han dado casos documentados en la zona centro de Móstoles y sur de Vallecas de gente que se ha felicitado el año hasta bien entrado el mes de junio sólo por no saber cómo rellenar encuentros incómodos con conocidos. Que bien podrían haber hablado del tiempo (del atmosférico, claro)… pero como el cuerpo humano es un misterio, cada uno conversa sobre lo que le da la gana.
           Y yo como este año no me pude comer todas las uvas, porque más que pequeños óvalos jugosos de néctar eran melones de Villaconejos (de esos de piel de sapo y cuatro arrobas mínimo), he decido sorprender a todo el mundo y desear próspero año nuevo a todo el que me encuentre hasta Semana Santa. Y a ver qué me responden. Será toda una sorpresa. Bueno… menos la señora Teresa, mi vecina, de la que todos sabemos lo que nos va a recitar. Teresa es una señora entrañable con la cabeza en las Batuecas que a todo lo que le digas casi siempre contesta “puta, puta, puta”. Sin embargo a ella también estoy dispuesta a sorprenderla y para ello me he propuesto hacerle rimas (consonantes, y asonantes también, que una no siempre tiene el día fino).
Así cuando ella diga “puta”, responderé:
señora Teresa es muy sano comer fruta,
o mejor ser casquivana que versuta,
o mi marido manda poco aunque crea llevar la batuta,
o mejor coma jamón que el chóped es una cagarruta.
Y sin duda lo que más me va a alegrar será el día que me conteste: ¡Argonauta!
Porque yo de la señora Teresa me lo espero todo desde el día en que la vi tejiendo y al alabar su maña me respondió: “Yo no hago punto, cateta, yo soy una knitter, como Julia Roberts o la Parker esa que le da al “seso” en el Nueva York”.
… Todo dicho.
Abuela tejedora






Pd de S: Felices Reyes Magos, Candelas y Candelos. Y un beso fuerte a tod@ los knitter (entre los cuales me encuentro).