lunes, 18 de marzo de 2013

Los lunes de Candela. Gatitos



Una cosa es cierta. Hay datos absolutamente prescindibles que descubres por error, los aprendes sin querer y luego eres incapaz de olvidarlos aunque lo intentes con todas tus fuerzas. Son lo que yo llamo “datos mojón”.
Por ejemplo ¿por qué sé yo que un gran felino, de cuyo nombre no quiero acordarme, una vez que ha cazado se dirige inmediatamente a devorar los grandes músculos de su presa, pasando olímpicamente de las masas más pequeñas, chiquinines no, gracias, y una vez devorada la cantidad necesaria de proteínas que necesita su metabolismo salvaje no vuelve a comer hasta dentro de unos siete días? ¿Cómo es capaz el felino de distinguir semejantes grupos anatómicos sin haber pasado por la facultad de Medicina ni haber visto ni un solo capítulo de Anatomía de Grey? ¿Por qué el bicho es capaz de ingerir de semana en semana cuando yo no puedo parar de picotear cada dos horas si ambos tenemos aproximadamente la misma cantidad de pelos en las piernas en invierno?
Y lo más importante, ¿por qué tengo que saber yo esto?
Por madrugar.
Esto es. Cuando me desperté este domingo a las siete treinta de la mañana, lo primero que hice fue acordarme de mis biorritmos y toda su parentela. Incapaz de volver a dar una cabezadita de descanso dominical, tuve que darme por vencida y levantarme. Acto seguido pensé que si tenía que estar despierta iba a premiarme con un desayuno pantagruélico, de esos de zumo y tostadas. Dicho y hecho. Al poco allí estaba encima de la mesa mi “continental mediterráneo con reminiscencias de americano”. Sólo quedaba un acto para la perfección: amenizar mi festín con la tele. Craso error. ¿Quién es el inquietante ser que elabora la escaleta de programación de primera hora de la mañana del domingo? ¿Va por ensayo y error o lo harán aposta, como diciendo “que se fastidien, que si tenemos que trabajar en domingo se van a enterar, que esto se lo comen con patatas”.
La cuestión es que, según me disponía a saborear mi tostada con mermelada casera, allí estaba el documental del gatito zampándose a Bambi. Lo sé, os preguntaréis que por qué no cambié de canal. La respuesta es bien sencilla: para coger el mando a distancia había que levantarse… ¡Qué pereza!...¡Que es domínica, hombre!...
Así que la opción estaba clara: no siempre puedes cambiar lo que te rodea, pero sí puedes transformar el modo en que te afecta, por lo que decidí aprovechar la emisión para dos cosas: aprender “datos mojones” sobre los felinos y entrenar el autocontrol sobre el vómito… que encontrar el lado bueno de las cosas es sólo cuestión de ponerse.




Pd. de S.: Feliz lunes festivo y felicidades a los José, Pepe, y a todos los padres, papá, papi, papa, papitito, pa, papuchi, etc.
 

3 comentarios:

  1. Jajajajaja...muy bueno... se aprende mucho de esos documentales...

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  2. jajajaja!! Datos mojón jajaja!! La misma cantidad de pelos en invierno jajaja!!
    Me ha encantado de principio a fin como todo lo que escribes.
    Un besito grande y feliz semana.
    Ah!! Muchas gracias por la felicitación

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  3. ohh que linda la foto de la Lari!!!

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